mugiro escribió "Aunque no nos afecte directamente, en la pagina:
http://www.ecologistasenaccion.org/article.php3?id_article=4024
Un año más
comienza la temporada de caza y con ella los montes riojanos se llenan
de escopetas. Y un año más las personas que practican el senderismo o
el montañismo en estos montes se ven envueltos en situaciones
comprometidas al aparecer,.....
... sin quererlo, en medio de las
batidas, generando un conflicto en donde, al margen del derecho de cada
uno a ocupar los montes, puede llegarse a situaciones de grave riesgo
físico para las personas.
Las situaciones que pueden llegar a
producirse son muy variadas: montañeros que aparecen delante de la
línea de fuego justo en el momento en que llegan los ojeadores con las
piezas, senderistas que hacen ruido, es decir, hablan entre ellos, y
mueven la caza hacia lugares no deseados o, simplemente, personas que
llegan a la línea de tiro y tras una discusión con los cazadores son
amenazados verbalmente y con ostentación de escopetas en mano. Incluso
puede llegar a suceder, tal y como lo he vivido junto con mis amigos,
que al caminar un domingo por la mañana por un sendero público
promocionado por el Gobierno de La Rioja como, por ejemplo, la Vía
Romana del Iregua, de repente te des de bruces, sin comerlo ni beberlo,
con los cazadores agazapados en la orilla del camino dispuestos a
disparar a los jabalíes que llegaban en ese momento. Y como cualquier
colectivo las actitudes ante estos hechos son muy diversas, desde el
que trata de convencer al senderista de la inoportunidad y riesgo de
seguir adelante hasta el que amenaza agresivamente, o, en el otro lado,
desde el que entiende la situación y se da la vuelta, hasta el que
reivindica su derecho a continuar por el camino pase lo que pase.
Nadie, evidentemente, puede negar el
derecho de los municipios serranos a obtener recursos económicos de sus
montes a través de la subasta de las batidas de jabalí y ciervo, máxime
cuando, por otra parte sus bosques y montes cumplen importantes
funciones de enorme utilidad pública como la protección de los suelos
contra la erosión, la regulación natural de los ríos, la conservación
de la biodiversidad, etc. Pero más allá de la existencia de un supuesto
derecho al libre tránsito por los montes, lo cierto es que en esta
tierra existe una tradición secular que ampara la libre circulación por
la mayor parte del territorio riojano, especialmente si se realiza por
cañadas, veredas y caminos públicos.
De este modo, el problema reaparece
cada año y, en consecuencia, la posibilidad de que algún día se
produzca un accidente mortal no deseado por ninguna de las partes en
conflicto. Y aunque la cuestión no tenga una solución sencilla, ello no
quiere decir que no exista la obligación por parte de los afectados de
intentar resolverlo o, al menos, de intentar reducir al máximo las
situaciones de riesgo. Lo que no puede hacerse es taparse los ojos como
sino pasara nada y esperar a que algún día un desgraciado accidente
obligue a la sociedad a enfrentarse con este problema pero con una
víctima inocente encima de la mesa.
Es urgente y necesario que todas las
partes implicadas o sea las administraciones, autonómica y municipal, y
los colectivos afectados, cazadores y senderistas, tomen conciencia del
problema, discutan y propongan soluciones y propuestas que reduzcan el
conflicto. De entrada pueden apuntarse algunas líneas de actuación que
podrían ser puestas en marcha de forma inmediata y entre las que pueden
apuntarse las siguientes:
Respetar los senderos balizados, publicados y fomentados, generalmente
por las administraciones públicas, a la hora de organizar las batidas,
evitando el contrasentido de que los propios ayuntamientos promocionen
senderos que más tarde atraviesan zonas de batidas subastadas por ellos
mismos.
Información pública de las batidas a realizar cada fin de semana para
las personas que quieren salir al monte y no tener problemas, a través
de medios como Internet, tablones de anuncios de ayuntamientos, o
prensa y radio.
Señalización correcta de las batidas tanto en las pistas forestales,
tal y como se viene haciendo con mayor o menor eficacia, como en los
senderos públicos más transitados.
El medio natural es objeto cada día más
de un mayor número de usos recreativos que generan conflictos con los
usos tradicionales, véase pesca y piragüismo, o, ahora, caza y
senderismo, por lo que resulta necesario llegar a algún tipo de acuerdo
en el que ambas partes pierdan algo pero, al mismo tiempo, consigan
desarrollar sus actividades sin provocar conflictos con la otra parte,
evitando accidentes y tensiones innecesarias. No olvidemos que, en este
caso, hay víctimas en juego.
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